martes, 25 de mayo de 2010

Deberían dejar tomar fotos en los velorios

Deberían dejar tomar fotos en los velorios
deberían dejar llorar a los deudos, porque tambien mueren un poco
debarían dejar ir a quien se muere, porque no se vale pedirles favores
deberían celebrar la muerte, cuando llega a poner fin al sufrimiento

Deberíamos decir cuánto queremos a nuestros seres queridos
deberiamos sonreír también ante una procesión funebre
deberíamos recordar lo bueno y perdonar las ofensas
deberíamos llorara con todas nuestras fuerzas nuestras alegrías

debemos respetos, pero debemos reír
debemos despertar, pero manteniendo el ensueño
debemos suspirar desde el corazón
debemos siempre y cuando queramos

debemos coleccionar tristezas para contar alegrías
debemos descansar agotadoramente
debemos sostenernos en nuestros pies
debemos honrar en vida a nuestras heredades

Quiero cantar, quiero llorar
quiero contar con ustedes
quiero tomar fotos en los velorios
para recordar para qué nos quedamos los vivos,
cuando se van los muertos

sábado, 22 de mayo de 2010

Suerte, pero no mucha

Era uno de esos juegos de trivia por televisión en los que se apostaba por categorías y cantidades. Él sabía cómo apostar, robar respuestas y proponer categorías difíciles. Se tenía confianza, mucha confianza.

Cuando llegaba a la parte final del cada concurso, en la que apostaban de lo ganado para multiplicar su dinero, él se administraba y apostaba lo suficiente para no arriesgar su delantera, lo que provocaba que los contrincantes se sintieran frustrados, incluso robados, porque el campeón no arriesgaba y los dejaba a todos en la orilla.

El campeón aspiraba de tal manera aquel crucero por el Mediterráneo que daban al que ganara sus cinco certámenes, que hasta podía sentir el viento de la travesía en su cara, despeinando sus pocos cabellos. Cada uno de los escollos los vencía con una media sonrisa, que reflejaba superioridad y hasta burla a los demás infortunados que se enfrentaban a él y quedaban por debajo de su enciclopédica sabiduría. Antes de cada emisión, cuando el conductor trataba de hacer ambiente en el concurso, le sugería al campeón que les diera un consejo a los retadores, su frase era la misma “Les deseo suerte… pero no mucha, ja ja ja ja”

Los cuatro previos los había bien, era un campeón excelente. Incluso en un par de ellos se había dado el gusto de perder en el último desafío y quedarse por un peso arriba de sus contrincantes, que sí sabían la respuesta, él sabía cómo hacerlo, además tenía suerte.

Llegaba el último reto de sus cinco programas, se puede decir que iba en segundo lugar, pues uno de sus retadores se había ido ligeramente arriba y el otro estaba empatado con él. Sabía que con el empate le bastaba, pues el criterio de desempate le daba la razón al campeón, por lo tanto él ya se hacía a la idea de ir escogiendo camarote en el barco de su imaginación.

Era el momento final, hizo su movimiento acostumbrado, apostó de acuerdo a su conciencia … observó a sus alternantes, la luz del estudio parecía calentar más a los retadores, los veía apurados y sintió que la suerte lo acompañaba, se esponjó, como una especie de pavorreal helénico que se veía en bermudas asoleando su prominente abdomen al sol de Grecia. El tiempo se acabó y llegó la pregunta: “ciencia que estudia los blasones, escudos de armas y apellidos”… ¡se la sabía! Escribió rápidamente y volteó a ver de reojo a sus competidores, los veía sudar… estaba cantando su triunfo, pensando en su discurso triunfal… los veinticinco segundos que le sobraban eran largos y disfrutables…

Cuando dieron la respuesta correcta –heráldica- su sonrisa de triunfo se apagó. Olvidó su discurso de vencedor, apretó la mandíbula al tiempo que su boca se torció desencajada, se meció su casi calvo cráneo con la mano izquierda mientras su mano derecha se convertía en un puño que parecía un mazo en busca de la fragua correcta para aplastar el hierro candente de vergüenza en su cara. Ahora la luz del cálido sol del Adriático se disipaba para darle lugar al calor seco de los reflectores del estudio.

Había descuidado un detalle, una insignificancia del tamaño de una moneda de a peso, su respuesta era la correcta, pero él en su autosuficiencia había apostado diferente a los cánones. Estaba seguro que nadie se la iba a saber la respuesta, nadie incluso él. La desilusión llegó en el momento mismo en el que el competidor empatado, y tercer lugar en los hechos, también se la supo y actuó como lo haría un mortal común y corriente, apostando todo su resto.

Vino su turno y entonces su estrategia superior, de todo un triunfador olímpico, naufragó en el mar de su soberbia, lo que antes era un empate con sabor a triunfo ahora lo bajaba de su viaje soñado… había apostado todo lo que tenía menos un peso, y el otro competidor no supo la respuesta, por lo que quedó en segundo lugar… la ley del karma se le había cumplido tal cual la había invocado… había tenido suerte, pero no mucha.

jueves, 31 de julio de 2008

Alejandro y Victor Hugo

Este jueves me he enterado de dos noticias trágicas para la cultura, pero especialmente tristes para mi, falleció hoy Victor Hugo Razcón Banda y Alejandro Aura.

No digo esto muy a la ligera ni tampoco por moda, los conocí aunque ellos a mí no.

A Alejandro lo vi tres veces: la primera en casa de un maestro, cuando mi vida navegaba por mis ideales universitarios. Era una celebridad, era famoso porque salía en ese programa con Andrés Bustamante y me cayó muy bien. Conversaba de cosas muy "elevadas" de una manera muy amable y entendible. Mi impresión entonces fue "los intelectuales también hablan claro"

La segunda vez fue un año después, cuando mis inicios de comunicólogo me colocaron en Radio Educación. Estaba esperando para grabar algo en la cabina B y me percaté que estaba leyendo algo mientras se desocupaba algún productor. Se me hizo fácil abordarlo para saludarlo, a ver si me reconocía. No, no me reconoció, pero igual apartó su vista del libro que lo entretenía, y platiqué con él de cosas muy triviales. La impresión que me dejó fue la de una persona muy amigable.

La tercera vez fue unos cinco años después, finalizando la década de los noventa. Yo trabajaba en Radioactivo con Fernanda Tapia y entonces llegó, inesperadamente y lo entrevistó la Fer. Fue una delicia, ambos compartían impresiones y chistes de manera elocuente y con chispa. Un espectáculo memorable. Hoy que ya no está, que murío lejos de aquí, siento consternación. De verdad que era un gran personaje.

A Victor Hugo sólo lo vi una vez. En el vestíbulo de la benemérita Radio Educación. Platicaba con un grupo de amigos cuando se nos unió. Platicaba de las luchas en la sociedad de autores. Era un tipazo, nos quedamos un gran rato y entonces, como vino, se fué.

A ambos los traté como conocidos, no me daban esa imágen de necesitar un título noviliario para acercarme. Luego supe de sus estaturas, de sus credenciales y los admiré más. Sus obras ahí quedan. Descansen en paz.

miércoles, 16 de julio de 2008

¿Por donde comenzar?

Tal vez no sea la primera ni la última vez que un blog inicia con esta pregunta, pero creo que valdría la pena comezar, como dicen por ahí, por el principio.

Yo soy una persona que comenzó en la vida muy rápido o muy lento, según la óptica de quien lo mire. Soy hijo de dos personas que se llevaban 10 años de experiencia, mientras mi padre tenía 27 mi mamá a penas rebasaba los 17. Eso debe de contar algo.

Somos siete hijos, una familia de esas grandes, antigüas, en las que se podía dar el lujo de multiplicarse y en la que sin embargo, para mi papá eramos pocos. En su momento lo padecí, hoy en día lo celebro.

Fui el tercero, es decir que nací cuando mi padre tenía 30 y mi madre tenía 20 y era el hombrecito de la casa. Hasta que llegó mi hermano, cuando tenía yo cinco y entonces lo disfrute, luego me enemisté. Hoy lo extraño, pues su vida hizo camino al norte y por momentos me hace falta.

Me considero alguien afortunado. Me han tocado vivir experiencias gratificantes, platicar con mis abuelos, mis tíos grandes, primos en todos los grados. Todos me han nutrido, no los olvido y de verdad espero con ansias volver a encontrarlos para platicarles mis nuevas experiencias.

Tengo siete años de casado, felizmente casado. Creo firmemente que no pude encontrar mejor pareja. Amo mi vida y lo que he encontrado en el camino y quiero gritarle al mundo lo que en este proceso me ha dejado mi vida. Platicar de mis hijas y mis logros, para poder llevar el barco a puerto seguro.

Se dice que cuando hablamos lo hacemos realmente para nosotros y que cuando escribimos lo hacemos para los demás. ¡Qué sería de un blog sin lectores! así que los invito a escribir y a comentar.

Hablaremos de todo y de nada... Saludos y bienvenidos los que pasen por aquí